Caracas ha recibido un sinfín de sobrenombres a lo largo de la historia. Por el siglo XIX, ya se le conocía como “la ciudad de los techos rojos” por los tejados de ladrillo que adornaban las casas coloniales. Un apodo que se le atribuye al escritor y cronista venezolano Enrique Bernardo Núñez y que la modernidad, con sus grandes edificaciones, se encargó de diluir. Años después, comenzaría también a llamársele “la sucursal del cielo” por ser un paraíso tropical que despuntó durante décadas, en América Latina, como un paradigma de desarrollo. “La millonaria de América” o “Venezuela saudita”, así conocían a nuestro país, en el que frases como “Ta’ barato, ¡dame dos!” explicaban el poder adquisitivo de sus habitantes. Y por supuesto nuestra capital fue reflejo de esa riqueza.

Foto – Carlos Bello

Otro de sus más icónicos apodos es “La sultana de El Ávila”, un mote que le fue dado por estar a los pies de nuestro pulmón caraqueño (montaña que muchos han sabido relacionar con la figura de una mujer recostada de lado). En sus faldas, está nuestro valle, que el poeta venezolano Juan Antonio Pérez-Bonalde prefirió comparar (quizá más acertadamente) con una odalisca antes que con una sultana en los versos de su poema Vuelta a la patria:

 

“Caracas, allí está; vedla tendida

a las faldas del Ávila empinado,

odalisca rendida

a los pies del sultán enamorado”.

 

Y así la lista sigue y sigue y se extiende: “la cuna del Libertador”, “la ciudad de la furia”... Pero probablemente sea “Valle zamuro” uno de los menos conocidos (o queridos) por los caraqueños. Tiene su razón de ser (el que le digan así). Tan solo basta alzar la vista para contemplar el vuelo de estas aves que, de no ser por el turpial, seguramente habrían sido escogidas como nuestra ave nacional en 1958.

El zamuro no suele gozar de muy buena reputación. Hay quienes lo tildan de feo e incluso siniestro por sus preferencias a la hora de comer, así como por su conducta. Y es porque estos animales de piel gris arrugada, cabeza pelona y plumaje negro como una cueva sin iluminar, se alimentan de carroña y de frutas y vegetales en descomposición. Son aves vestidas de traje lustroso que, con su cabeza, cuello y patas desnudas de plumas, utilizan su pico corto en forma de gancho para disfrutar de un menú rico en microbios de toda clase. Un cóctel tóxico exclusivo para un intestino con una acidez capaz de neutralizar hasta las toxinas más mortales.

Por lo anterior, entre sus destinos frecuentes al planear sobre las ciudades, están las bolsas de basura, que gustan de hurgar como parte de sus hábitos alimenticios (razón por la que se han ganado el desprecio de quienes se consiguen con sus desperdicios regados por la calle). Pero no es ese su único puerto. Hacen vida incluso en los rincones más olvidados de Caracas, como vigilantes silenciosos. Se posan en azoteas, en vallas, en postes de luz y sobrevuelan a alturas inaccesibles para otras especies. Son aves imponentes con una envergadura que, aun careciendo ellas de un órgano vocal y aun siendo apenas capaces de producir gruñidos o siseos, no pasa de ninguna forma desapercibida.

Entonces, no resulta contradictorio pensar que ver nuestro cielo ausente de su vuelo es verlo desnudo. Porque aunque le despierte a algunos cierto horror o rechazo, no se puede negar que forman parte de nuestra fauna y de nuestra cultura popular. Nomás hay que echar un pequeño vistazo a la historia para darnos cuenta de que siempre han estado allí y no como invasores, sino como parte de nuestra identidad.

Para muestra, un botón. En el oriente de Venezuela, los llaman guaraguaos, vocablo del que se inspiraría el grupo musical venezolano formado en los años setenta -muy conocido por interpretar, entre otras canciones, “Casas de cartón” del compositor Alí Primera-  para apodar a su agrupación. Y la tribu Caribe se refería a ellos como curumos, nombre del que nacería el de la homónima urbanización caraqueña, Cumbres de Curumo, por su enorme presencia en la zona. Pero no se queda allí. La banda de rock merideña Charliepapa lanzó en el 2011 una canción llamada “Zamuro” y el guariqueño Reynaldo Armas les dedica uno de sus más icónicos cantares, “El zamuro y el avión”.

Esta gigante ave negra de aleteo pesado también ha inspirado refranes y mitos, como aquel que vaticina que alguien se va a morir cuando un zamuro sobrevuela una casa o descansa en su techo, o como ese otro que, para curar los orzuelos, aconseja guiñarle un ojo cuando se te quede mirando. Pongo algunos otros ejemplos: “estar en pico de zamuro” (que es lo mismo a decir que algo está en grave riesgo, moribundo o a nada de desaparecer); “zamuro cuidando sebo” (que significa que quien realiza una labor es el menos indicado); “no gastes pólvora en zamuro” (que exhorta a que no se malgasten el dinero, el tiempo y el esfuerzo en algo que no vale la pena); y “zamuro come bailando” (que puede referirse a las personas inquietas a la hora de comer o a alguien desconfiado que vive sospechando de los otros).

¿Y cómo olvidar los otros significados que adquiere en nuestra habla coloquial? Como sustantivo, también puede ser sinónimo de mujeriego, conquistador o traicionero, y asimismo puede hacer alusión a quien trabaja en una funeraria o al hombre mayor que acosa a las jóvenes. Como verbo (porque como verbo también existe), es similar a “soplar el bistec”, es decir, a tratar de conquistar a la pareja ajena, aunque “zamurear” es igualmente usado para referirse a la acción de velar el plato de otro o de vagar sin ningún oficio.

Por donde sea que lo veamos, su presencia resulta innegable. ¿Ven cómo están presentes en todo? Aunque a muchos no les guste, ellos también forman parte de la identidad de nuestros cielos y del color que da tinte a nuestra tierra y a nuestra manera de hablar. Pueden causar miedo (y tal vez desagrado) por ser aves carroñeras, pero, tal como cantaría nuestro querido Cardenal Sabanero, “sin una mancha afrentosa” cumplen “una ley honrosa de triste y sucia misión”. Son animales imprescindibles en la naturaleza.

Y es que justamente el nombre de la familia a la que pertenecen, Cathartidae, significa “purificador”. Porque ellos limpian, se llevan la muerte y con ella las enfermedades asociadas. Precisamente allí podría radicar su atractivo particular (si se quiere, místico). Son como la representación de Caronte en la tierra. Ellos “transportan” a través de sus entrañas lo que ya dejó de ser, lo que ya no es lo que era en vida, lo que pasó a ser otra cosa una vez se murió. Así ayudan a mantener el equilibrio de los ecosistemas. Son una especie de héroes. Pero no son hombres de acero, sino aves con estómago de hierro que -a veces solitarias, a veces en grupo- hacen en silencio lo que nadie más se atreve a hacer.

Fuentes:

BBC News Mundo (01 de marzo de 2019). Cómo era Venezuela cuando era un país rico y por qué la llamaban la “Venezuela saudita”. BBC Mundo: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-47416450
Davies, E. (31 de enero de 2014). Siete razones para respetar a los buitres. BBC Mundo: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/01/140131_ciencia_buitres_siete_razones_respeto_np
Silva Díaz, A. (07 de febrero de 2020). Buitres y zamuros. Prodavinci: https://prodavinci.com/buitres-y-zamuros/
Zambrano, I. (13 de diciembre de 2020). Cuentos de zamuros: de que vuelan, vuelan. El Estímulo: https://elestimulo.com/cuentos-de-zamuros-de-que-vuelan-vuelan/

10 COMENTARIOS

  1. Y pensar, que cada vez que vemos un ave de esta especie, nos referimos a ellos como, pájaros de mal agüero y no nos damos cuenta que forman parte de este gran ecosistema, manteniendo un importante equilibrio. Gracias por compartir.

    • Tal cual. Cumplen un papel muy importante en la naturaleza del que habría que hacer mención más seguido, para ver si así comenzamos a verlos con otros ojos. ¡Gracias a ti por leerme y por comentar!

  2. Esta es la muestra de un excelente profesionwl, que ama la poesia. La narrativa y sobre todo la investigacion.
    Un tema como tiene que hsberle llevado horas y horas de dedicacion a la creatividad.
    Llegaras lejos Vanessa, eres excelente. Te felicito y auguro muchos éxitos. Abrazos

  3. Al abordar este interesante tema de manera tan respetuosa,expresiva y hasta poética a una de las especies de aves (para muchos subestimada) ponen al descubierto tu gran calidad humana, sensibilidad,nobleza y creatividad.
    Al plasmar tus ideas, claras,sencillas y emotivas logras la conexión inmediata entre el lector y el contenido de tu historia invitandolo en este caso a reflexionar, modificando sus ideas, pensamientos y sentimientos . Felicitaciones

    • ¡Muchas gracias, señora Rosa! Me halaga muchísimo. Me alegra que pudiera conectar con el artículo. Gracias por leerme y por comentar. Le mando un abrazo. ¡Saludos!

  4. WoW que interesante! Cambió mi manera de verlos , siempre lo he asociado con algo negativo, un día soñé con un zamuro negro muy grande y estaba muerto y desperté con la sensación que algo malo me pasaría y con la intriga de que significaría ese sueño, busqué en internet y mi sorpresa fue que soñar con un zamuro muerto era que el fin de algo malo había llegado, que terminaba una etapa negativa 🤷 …

  5. Los rodea mucha simbología. De lo que no hay duda es de que forman parte importantísima de nuestro ecosistema. Me alegra que su perspectiva cambiara. ¡Gracias por leer y comentar!

  6. Excelente artículo, a partir de ahora lo veré como una especie de protector, muchas gracias por la reseña la compartiré, saludos

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